Según la definición del “Diccionario criollo” de Tito Saubidet, el molino es “un aparato que acciona por la sola fuerza del viento y se utiliza para extraer agua de un pozo por medio de una bomba que éste hace funcionar”. Se registra que “fue un tal Daniel Halladay quien desarrolló un mecanismo de autogobierno que se orienta según la dirección del viento, moviendo un conjunto de múltiples aspas inclinadas que recrean la forma de una margarita de chapa, comenzando su fabricación en el año 1854, con gran éxito de ventas pues resultó un invento revolucionario”.
“Este artefacto llegó a Buenos Aires en 1880 por iniciativa de Miguel Nicolás Lanús, quien era propietario de una casa importadora de maquinaria rural, en sociedad, y aquí está el dato curioso, con el padre del poeta y orador Belisario Roldán”. Según se cuenta los primeros molinos eran de madera hasta que aparecen los metálicos que los reemplazan y completando el beneficio se agrega en 1901 el tanque australiano como un complemento de gran utilidad. Los desperfectos que podían sufrir los molinos eran de los más variados. Según los expertos, la bomba es el mecanismo encargado de extraer el agua desde las profundidades e impulsarla hacia la superficie del terreno. Según cuenta el escritor Jorge Balbuena, “Está ubicada apenas sobre el nivel del líquido, es decir a 60 o 70 metros de hondura. Cuando el molino está girando por el viento que mueve sus aletas o aspas y pese a ello ‘no saca agua’, es evidente que algo no está funcionando bien. Y para averiguar qué es ese algo no queda otra alternativa que bajar para ver de qué se trata”.